Boch, Rosalie-Anna

Belga

Saint-Vaast, Hainaut, 10 de febrero de 1848  - Bruselas, 25 de febrero de 1936

Hija de Victor Boch y hermana mayor de Eugène Boch, nació en una familia acomodada, propietaria de la famosa cerámica Boch de La Louviere en Bélgica. Su vida está descrita en dos historias. Existe en primer lugar el diario que su madre Lucie llevó entre abril de 1851 y abril de 1871 y el que Anna ha anotado minuciosamente en un diario, desde noviembre de 1871, justo después de la muerte de su madre, hasta 1934 y en segundo lugar el libro de Anna escrito como un homenaje a su madre en 1935: “Recuerdos de una vida”. Toda su vida fue muy dedicada y unida a su madre. También estaba muy unida a su hermano Eugène, también pintor, y que se hizo amigo de Vincent Van Gogh. Le encantaba pintar con su hermano y regularmente trabajaron juntos, lado a lado, como  durante su estancia en el Midi. Participó del movimiento puntillista,  neoimpresionista.

Rosalie-Anna Boch - 1875

Alumna de Isidore Verheyden, fue influenciada por Théo van Rysselberghe, a quien conoció en el grupo de Les Vingt (Los Veinte). Entre 1866 y 1876 pasó los meses de invierno en Bruselas, que prefería a la pequeña ciudad de La Louviere. Recibió una primera educación artística tradicional.

Rosalie-Anna Boch pintando en su estudio

El descubrimiento de la obra de pintores al aire libre como Théodore Baron o Hippolyte Boulenger, le abrió un nuevo camino. Sigue entonces, desde 1876 hasta 1886, las enseñanzas del paisajista Isidor Verheyden, experto en pintura de la naturaleza, en contacto con el cual se aclara su paleta y  se purifica un poco su estilo.

Estas primeras pinturas fueron en la línea de Corot y cuando, en 1885, comenzó a pintar a la manera Impresionista, este enfoque pictórico no era realmente nuevo. Pintores tales como Manet, o para limitarnos a las mujeres, Berthe Morissot, llevaban en ello más de veinte años. A pesar de que formaba parte del grupo de Los Veinte reunidos alrededor de su primo Octave Maus y del que era la única mujer, ella nunca fue una pintora de vanguardia.

En noviembre de 1878, después de un desengaño amoroso sobre el que siempre seguirá siendo muy discreta, emprendió un viaje a Marruecos, escoltada por su hermano menor. También viajó a Italia, España, Argelia, Grecia y, por supuesto, Francia. Pero aparte de Francia, donde viajaba regularmente,  trajo pocos bocetos y cuadros de sus viajes. Expuso regularmente en Bruselas con Los Veinte.

Retrato de Rosalie-Anna Boch, por Isidore Verheyden

En 1885, 1891 y 1892, participó en el Salon des indépendants de París. Pero no fue hasta 1908, cuando tenía ya 60 años, que tuvo lugar, en la casa Druet en París, su primera exposición individual en el extranjero.

A pesar de que se sentía satisfecha con su "boutique", como llamaba a la venta de sus pinturas, Anna Boch nunca tuvo necesidad de vender para sobrevivir. Sus ingresos provenían de operaciones inmobiliarias e industriales; afortunadamente, porque a pesar de que sus pinturas eran muy populares siempre se vendieron a precios ridículamente bajos por el simple hecho de ser de una mujer.

Retrato de Rosalie-Anna Boch en su estudio, por Theo Van Rysselberghe,

Gran burguesa por nacimiento, ella necesitaba otro tipo de reconocimiento que aquel relacionado con la vida social superficial. Era una mujer en un mundo reservado a los hombres, ya que durante el siglo XIX las niñas de buena familia aprendían un poco de pintura tal como aprendían piano y bordado. Pero ciertamente no debería ser una profesión.

Sin contar sus propias obras Anna Boch tuvo una de las colecciones de pinturas Impresionistas más importantes de su época. Ella promovió a jóvenes artistas como Vincent van Gogh, a quien admiraba por su talento. Vincent era amigo de su hermano Eugène. Ella fue una de las pocas personas que adquirieron una obra de Van Gogh durante la vida de este.

Su casa de la calle de la abadía era un lugar de encuentro cultural para artistas y músicos. Adquirió para su colección personal "Le Pouldu” de Paul Gauguin (1889, “La Vigne Rouge” de Vincent Van Gogh (1890), “La Seine à la Grande Jatte” (1892) y “La Calanque” de Paul Signac (1908). Regaló la mayoría de sus obras al Museo de Bruselas. La colección de Anna Boch fue vendida después de su muerte, y según su deseo, los recursos se emplearon para apoyar el retiro de sus amigos artistas pobres.