Borrero Alvarez, Ricardo

ColombianoAipe, Huila, 24 de agosto de 1874 - Bogotá, mayo de 1931

Nació en la hacienda Piedrapintada en Aipe, en las afueras de Neiva, en el seno de una familia prominente y poseedora de vastas haciendas en el Huila, y fue bautizado en Gigante.

Poco se sabe de su infancia y de su traslado a Bogotá pero ya en 1894 se encontraba estudiando en la Escuela de BeIlas Artes de la capital, donde fueron sus profesores los pintores españoles Luis de Llanos y Enrique Recio y Gil, así como el pintor bogotano Andrés de Santa María.

Ricardo Borrero

Por las características de su obra es claro que Borrero debió de sentirse más a gusto y satisfecho con el tipo de trabajo parco y académico de sus maestros españoles, que con la actitud innovadora y espontánea de Santa María, cuya influencia Impresionista sólo podría atribuírsele en aspectos tan generales como su inclinación por el paisaje y su afición por bosquejar al aire libre.

En 1895 Borrero viajó a continuar sus estudios en Europa. Se radicó primero en SeviIla, donde por esa época imperaba el gusto por las pinturas históricas de estilo romántico, a la manera de Eduardo Cano de la Peña. Posteriormente se trasladó a París, donde amplió su contacto con las obras de los grandes maestros, del Renacimiento al clasicismo; razón citada en primer término por todos los artistas colombianos del período para cruzar el océano hacia el viejo continente. Allí asistió a clases en la Academia Colarossi y tuvo la oportunidad de familiarizarse con las obras de los artistas de la escuela de Barbizón, quedando hondamente impresionado por su común consideración del paisaje como el tema más digno y meritorio.

Es probable que el artista visitara otros países durante su permanencia en Europa, pero son muy escasas y no muy dicientes a este respecto las pinturas (y bocetos) que se conocen de este período. Lo que es inequívoco, es que Borrero aprovechó plenamente su permanencia en Sevilla y París; y que regresó pintando paisajes, ceñido a los cánones de la pintura académica.

El artista regresó al país posiblemente en 1897, puesto que hay una pintura suya fechada ese año en la cual se distingue un eucalipto. Contaba apenas veintitrés años; y debió de ser por esa época cuando posó para un retrato de Epifanio Garay en el que aparece como un joven delgado, de bigote acicalado y sombrero coco. El artista contrajo matrimonio con Ernestina Bernal Wilches quien fuera su alumna y a quien se atribuyen algunos de las menos logradas pinturas que llevan su firma - y no tuvo hijos.

AI llegar a Colombia su éxito artístico fue inmediato, como lo corroboran - aparte de la atracción del público por su trabajo - su rápido nombramiento como profesor de la Escuela Nacional de Bellas Artes, las distinciones a que se hizo acreedor y las palabras elogiosas de la crítica sobre su pintura.

En 1899 se encontraba enseñando en la escuela donde había sido alumno cinco años antes, y a la cual se vincularía ininterrumpidamente hasta 1923; los últimos cinco años como su director. Allí fueron sus discípulos Erwin Kraus y Gonzalo Ariza, destacados paisajistas. Un año más tarde, con ocasión de la exposición de 1899, Borrero logra una distinción de primera clase.

Borrero continuaría pintando con singular percepción y cuidadoso oficio por el resto de su vida; y presentando su trabajo en las escasas muestras artísticas acaecidas en los primeros decenios del siglo XX en Colombia. Aparte de la mencionada exposición de 1899, el artista participa (fuera de concurso) en la Exposición del Centenario, así como en prácticamente todas las exposiciones de Bellas Artes en las cuales su trabajo es invariablemente un favorito del público y la crítica. En 1906, por ejemplo, se subraya "la luz y la poesía de su pintura"'; en 1910 se afirma que "en sus paisajes palpitan las dulces notas de una inspiración ingenua que dice muchas de las delicadezas y ternuras de su alma de artista"'; en 1918 se escribe sobre "las muestras apreciables de su ingenio"'; en 1920 se le elogia como "observador concienzudo, libre de vacilaciones, original desde el principio de su carrera"'; en 1 922 se reconoce la importancia documental de sus apuntes sobre la ciudad'; y en 1923 se le aclama como un "ilustre artista de positivo valor"'.

En 1929, finalmente, Borrero envío sus obras a la Exposición Iberoamericana de Sevilla - ciudad a la cual lo ataban lazos de amistad desde su período estudiantil- recibiendo una medalla de oro en el importante certamen.

Su admiración por Corot es comprobable en algunas de sus preferencias temáticas, como son: las pesadas piedras en contraposición a la movilidad del agua, y las apacibles vacas en paisajes idílicos (herencia de los pintores holandeses del siglo XVII, y especialmente de Paulos Potter y Jacob van Ruisdael, cuyo trabajo fue frecuente inspiración de los artistas de la escuela de Barbizón). La inclinación de Borrero por algunos efectos poéticos como la luz filtrándose indecisa por entre las copas de los árboles, es, así mismo, clara indicación de su entusiasmo por las escenas del gran maestro francés. Y hasta podría decirse que Borrero, acatando las recomendaciones de Corot, procura captar en sus pinturas la primera sensación que le produce la naturaleza. Pero su trabajo no revela el menor impulso imitativo sino, por el contrario, una firme personalidad.