Cordiviola, Luis Adolfo

Argentino

Buenos Aires, 1 de Julio de 1892 - San Isidro, provincia de Buenos Aires, 20 de junio de 1967

Nació en el seno de una familia italiana.. Realizó sus primeros estudios en la Academia Nacional de Bellas Artes y en el año 1912 obtuvo una beca otorgada por el Gobierno Nacional que le permitió viajar a Paris frecuentando en esa ciudad el taller del pintor Auquetin y las academias Colarossi y Grande Chaumiere.

En 1914, al estallar la guerra mundial regresó al país y prosiguió sus estudios en el establecimiento oficial donde se graduó en 1916 obteniendo el título de Profesor de dibujo.

Luis Adolfo Cordiviola

En ese mismo año obtuvo en el Salón Nacional el Premio Estímulo. La condición de estudioso y de inquieto buscador de paisajes que siempre tuvo este artista, lo llevó a conocer Mallorca, en las islas Baleares, donde residió aproximadamente medio año. Allá frente a esos espléndidos panoramas, con esa luz tan espectacular que hacía decir a Anselmo Miguel Nieto que no había otra igual en el mundo para el pintor, quizás haya determinado en Cordiviola esa su ambición de diafanidad en las atmósferas de su paisajes campestres., esa extrema claridad que luego prefirió para sus paisajes, en los que trabajó magistralmente las atmósferas cristalinas.

Pintor incansable, ha dejado una obra abundante y de excelente factura. En Mallorca pintó un magnífico lienzo cerca de Pollensa el año 1913, un hermoso paisaje vespertino de tonos dorados y veladuras grises; lo envió al Salón Nacional del año siguiente y fue rechazado por los miembros del jurado sin que nada, sino una extraña incomprensión de la buena pintura, pudiera explicar entonces lo que hoy, en presencia del cuadro parece, por decir lo menos, absurdo.

En 1918 se le otorga la Medalla de Plata y en 1921 el Primer Premio Municipal. Ganador del Primer Premio en el Salón Nacional de Rosario en 1922, viajó a Córdoba y enamorado del paisaje compró unas tierras en Cabalango, un paraje de Tanti, cerca del Dique San Roque, donde pasaba  largas temporadas pintando al aire libre. Observador minucioso de la anatomía y el comportamiento de los animales, supo plasmarlos con dibujo ajustado y vigoroso. Vacas y terneros, cabras, chivos, bueyes y caballos, modelados con fuerte relieve, se destacan sobre los cielos diáfanos de la sierra.

Desde entonces vivió alternando permanencias en el rincón recoleto de Córdoba y en su antigua casona de San Isidro, que había convertido en un rico museo de arte. Pero si bien es cierto que parte de su obra tiene como tema el paisaje, no lo es menos que esa inquietud que señalamos de ese artista hizo que probara sus posibilidades de expresión tratando los temas más variados sin desestimar los dibujos con cierto tinte caricaturesco, los que realizó en la línea de Puvis de Chavannes. Ha dejado una obra de excelente nivel, generosa también en cantidad, pues trabajó siempre depurando su oficio hasta llegar a un dominio magistral pero sin caer en el virtuosismo. Se halla representado en el Museo Nacional de Bellas Artes, en el Municipal Eduardo Sívori de Buenos Aires, en el Provincial de Santa Fé, etc.

Continúa exponiendo entre 1924 y 1937 en diferentes lugares, particularmente en Van Riel y muestras individuales en "Amigos del Arte" y en Müller.

En 1930 vuelve a Europa, recorriendo Francia, España, Alemania, Austria, Holanda y Bélgica. En 1937 se celebra su "Exposición veinticinco años de labor", en la Dirección de Bellas Artes. Entre 1939 y 1951 expone siete veces en la Galería Witcomb.

Está considerado como uno de los más  grandes animalistas de la historia del Arte. Dominó el dibujo con maestría e hizo suyas las conquistas de orden cromático del Impresionismo. Especialista en contraluces fueron las cabras y los chivos, el tema característico de sus obras; los pintaba en Tanti, en la provincia de Córdoba, y también luego de recuerdo, en su estupenda casa en San Isidro, provincia de Buenos Aires, a metros de la Catedral.

En sus obras pasa de la bruma que entristece nostálgicamente, a la diafanidad del aire, en el triunfo de la luz y la reverberación calcinante de la piedra. Sabe dar vida al árbol que brota del peñasco, o baña de ensueño la humedad del rancho lacustre sobre troncos de sauces, paredes de juncos y techo de paja. Aire y cosas se envuelven en un vaho neblinoso que todo lo cubre como un celaje de misterio