González Camargo, Fídolo Alfonso

Colombiano...............................................................................................Post Impresionista

Bogotá, 20 de septiembre de 1883 - Sibaté, 23 de agosto de 1941

Fue el menor de diez hijos del matrimonio del abogado liberal y aficionado a la pintura Fídolo González Linero  con Isabel Camargo Escobar. La infancia del artista estuvo marcada por la temprana muerte de su padre y por el duelo que vivió su madre, quien, además, debió afrontar el fallecimiento de la mitad de sus hijos antes de que llegaran a la juventud. Tanto ella como Tulia y Luisa, hermanas del pintor, lo protegieron y volcaron sobre él todo su afecto y atenciones, pero la tristeza dejó huellas indelebles en su personalidad. Cursó estudios primarios en el colegio de San Bartolomé y luego quiso aprender odontología, profesión que practicaba su hermano mayor, pero pronto desistió de ello y entró a estudiar a la Escuela de Bellas Artes, reabierta bajo la dirección de Ricardo Moros Urbina en 1902, una vez terminó la Guerra de los Mil Días.

Autorretrato de Alfonso González Camargo

Las condiciones de la institución eran sumamente precarias, pero contaba con profesores ilustres como el caso del mismo Moros, Ricardo Acevedo Bernal y Roberto Páramo. De este último fue alumno y amigo, y se cuenta que ambos salían a pintar a las afueras de Bogotá.

Se ha afirmado que González Camargo tuvo como maestros al sacerdote Santiago Páramo y a Ricardo Acevedo Berna y, aunque apenas un autor menciona entre sus profesores a Andrés de Santa María, es muy probable que éste lo haya sido, pues fue rector de la Escuela entre 1904 y 1911, lapso durante el cual dictó las cátedras de pintura y escultura. Se estima que González salió de la Escuela hacia 1906.

En 1910, Santa María fue presidente de la sección artística de la Exposición del Centenario, que conmemoraba el aniversario de la independencia de Colombia. En esta exposición, González Camargo, con 27 años, obtuvo una mención honorífica por el óleo “La Poda”. Al parecer, también fue de su autoría la escultura titulada “Rembrandt”, exhibida fuera de catálogo en la misma exposición. La importancia de la distinción que recibió González Camargo es evidente considerando que el primer premio fue adjudicado a Eugenio Zerda, un pintor de mayor trayectoria; Acevedo Bernal recibió medalla de honor, mientras que el diploma y medalla de bronce fueron dados a Roberto Páramo por sus acuarelas. El joven Ricardo Gómez Campuzano también obtuvo una mención.

El premio de 1910 marcó el inicio de Fídolo como artista profesional. A lo largo de la década colaboró con dibujos, caricaturas y poesías, algunas de las cuales fueron escritas algunos años antes, para la revista Letras, publicada por la Sociedad Literaria Arboleda. El interés del pintor por la literatura fue temprano, y seguramente estuvo inspirado por sus dos hermanos poetas. En sus versos dio salida a sentimientos íntimos relacionados con las penas del amor, la familia, el luto, la guerra y la defensa de los obreros.

Por sus capacidades fue nombrado director de arte de la revista El Grafico, fundada en 1910, la cual llegó a ser una de las más importantes del país en su momento. Gracias a esta labor se ganó el sustento, pudo dar a conocer reproducciones de varios de sus cuadros  hoy desaparecidos, diseñó carátulas, hizo viñetas y publicó variadas caricaturas de corte político firmadas con seudónimo (Kam, Pathé). En ellas dio rienda suelta a la evidente decepción que sentía respecto de las actuaciones de los políticos, tal como se aprecia en la titulada "Circo latinoamericano: el clown Teodoro y su pequeño hijo", en la que comenta, con inocultable ironía, la pérdida de Panamá y en "Tríptico eleccionario", alusiva a la baja participación ciudadana en las votaciones. No obstante, sus sátiras, como se ha señalado, resultaban ". .demasiado bellas para surtir el efecto deseado". Sus primeras colaboraciones están fechadas en 1912 y las últimas en diciembre de 1921.

Incomprendido y rechazado, sin mercado para su obra, a González Camargo le quedaban menos de dos años de cordura antes de apartarse para siempre de la realidad, de la que ya había empezado a distanciarse en sus cuadros. Continuó creando un lenguaje profundamente personal, dotado de un intimismo desconocido en el arte colombiano. En 1920, la incomprensión del público ante su obra quedó manifiesta, una vez más, cuando un comentarista lo clasificó brevemente y sin mayor aprecio "pintor de cuadros de costumbres", al lado de Cano, Leudo, Díaz Vargas y Zerda.

La tragedia de Fídolo se desató en 1921 a raíz de la muerte de su madre por causa de una neumonía. Una semana más tarde falleció también su hermana Tulia de Morales, en la misma casa. La sucesión de duelos, que privaron al hijo menor de esta familia de sus fuentes de protección, seguridad y afecto, lo sumieron en una severa depresión que lo apartó definitivamente del mundo: "Primero enmudece, se hace entender a señas; luego empaca sus pertenencias, cuadros y dibujos en baúles, (...) como quien se dispone para un largo viaje; finalmente se rehúsa a recibir alimentos".

Enfermo de sífilis, fue examinado por distintos médicos y debió ser alimentado mediante sonda. Entre tanto, los hermanos vendieron la querida casa familiar y repartieron el dinero. Su hermana soltera, Luisa, lo llevó a vivir con ella. Finalmente, en 1925 sufrió un ataque nervioso y fue internado en el manicomio de Sibaté, Cundinamarca. Como consecuencia de su enfermedad, abandonó la pintura, a la que se había dedicado profesionalmente once años atrás, desde cuando se destacó en la Exposición del Centenario. A diferencia de Van Gogh que, no obstante su enfermedad mental, retuvo el deseo de comunicarse, Fídolo Alfonso abandonó para siempre el arte. En 1929, cuando se celebró la Exposición Hispanoamericana de Sevilla, manos amorosas remitieron allá una parte de su producción. Obtuvo la medalla de oro. Pero el renombre llegó demasiado tarde, No alcanzó a reanimar al náufrago, que murió recluido en el manicomio de Sibaté.  

Fídolo Alfonso González Camargo nunca viajó al exterior. Gustaba hablar de los grandes maestros de todos los tiempos, desde Giotto hasta nuestros días, aunque su admiración se detenía, pausadamente, como todo lo suyo, en Cézanne. Pero eran muchos sus bocetos y pequeñas tablas en que experimentaba con los estilos que comenzaban a llegar a la Sabana, después de años y años de Impresionismo, como una novedad casi escandalosa.

Fue uno de los mejores dibujantes de la época y activo practicante de géneros vigentes como el paisaje, el retrato y las escenas cotidianas, sin que se le pueda considerar un pintor costumbrista en el sentido en que lo fueron sus predecesores. Sin duda, su aporte más sobresaliente al arte colombiano reside en el lenguaje pictórico innovador que propuso, señalado tanto por la modestia de sus ambiciones, como por la gran libertad de la pincelada y los planteamientos cromáticos, independientes de las solemnidades académicas convencionales o de la tradición costumbrista. Obras como Calle 13, carrera 4ta. Esquina (ca. 1910), el extraordinario Autorretrato (ca. 1910), y La tía Luisa leyendo (ca. 1920), ilustran su personal manera de construir el cuadro y el profundo intimismo que supo transmitir, factores que hacen más cercano su trabajo a la mirada contemporánea.