Hermoso, Eugenio

Español.............................................................................................Neo Impresionista

Fregenal de la Sierra, 26 de febrero de 1883 - †Madrid, 2 de febrero de 1963         

Se trata de una de las personalidades más significativas del arte español de la primera mitad del siglo XX. Eugenio Hermoso, hijo de Sabas Hermoso Félix, labrador, y María Martínez Carrero, fue uno de nueve hermanos.

Poco antes de cumplir los 15 años hizo su primer viaje a Sevilla, para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, becado por el Ayuntamiento y la Diputación de Badajoz. Cuatro años pasó en la ciudad del Guadalquivir. Alentado por Mattoni, Gonzalo Bilbao y Jiménez Aranda, en septiembre de 1901 se trasladó a Madrid donde destacó pronto en la Escuela de San Fernando, copió en el Prado a los grandes maestros y frecuentó el Ateneo y el Círculo de Bellas Artes. Con Eduardo Chicharro, Benedito, Sotomayor, Anselmo Miguel Nieto, Rodríguez Acosta y López Mezquita, constituyen la juventud prometedora y entusiasta al celebrarse la Exposición Nacional de 1904, en la que obtiene tercera medalla con Muchacha haciendo media" (Museo de Cádiz).

Autorretrato de Eugenio Hermoso

Pero su primer galardón fue el premio de la Duquesa de Denia, en 1902, con “Huérfano” que representa a un niño que se ata un zapato. Su generación es la de Vázquez Díaz, Romero de Torres, los Zubiaurre, Ortiz Echagüe, Solana, Arteta, Gustavo de Maeztu y Cristóbal Ruiz. Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Francisco Alcántara, Díez Canedo, Juan Ramón Jiménez y Juan de la Encina elogiaron su obra. La crítica le dedicó entonces la mayor atención.

Animado, inicia una temporada fecunda: “El Colegio”, (Hispanic Society de Nueva Cork), “Fiesta Infantil”, (Museo de Badajoz), “Hijas del terruño” que Pío Baroja, al verlo, dijo emocionado: “Adiós ilustre Hermoso, Dios se lo pague”. Evidentemente toda su pintura denota consonancias reales con la temática y la estilística de los escritores de la Generación del 98, sustancialmente con Antonio Machado, que por estas fechas tenía publicadas las Soledades. En el verano de 1905, en su primera exposición en San Sebastián, vendió “Hijas del terruño” que, en El Liberal del 14 de agosto, mereció los elogios del exigente crítico Antonio Palomero. En 1905 recorrió Francia y Bélgica, entrando en contacto con las vanguardias europeas del momento, conoció a los Impresionistas y admiró los retratos de los sarcófagos egipcios de la época romana. Visitó el Louvre y el Luxemburgo.

Precozmente, con 22 años, pintó “La Juma, la Rifa y sus amigas” que fue segunda medalla en la Nacional de 1906 y en la Internacional  de Barcelona de 1907, y constituye un primer jalón estilístico que recoge un grupo significativo de obras juveniles, pero muy originales: “El desayuno”, La vuelta al trabajo”, “La marocha”, “Francisco”, “La niña del violín”.

En 1906, desde Barcelona pasó a Italia: Génova, Pisa, Roma, Nápoles, Florencia, Venecia y Milán; conoció el Vaticano, la estatua de Marco Aurelio, el retrato de Inocencio X de Velázquez, el Vesubio, las ruinas de Pompeya, el Donatello, Miguel Ángel y la Plaza de San Marcos. Con “Rosa” (Centro Nacional de Arte Reina Sofía), obtuvo otra segunda medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908. Julio Romero de Torres fue primera medalla con “La musa gitana”. En 1910 se le concedió la encomienda de Alfonso XII por su admirable lienzo “Jugando a la soga” y asistió junto con Julio Romero de Torres, Anselmo Miguel Nieto, López Mezquita y otros a la Internacional de Barcelona, en la que obtuvo una primera medalla. Este mismo año participó en la exposición del Centenario de la Independencia de Chile con su cuadro “La merendilla”, que fue adquirido por el Gobierno chileno. Su obra pictórica aparece, sin duda ya, como una de las más personales e inconfundibles de su tiempo. En 1907 y en 1911 recibió Primeras Medallas en la Internacional de Barcelona.

En 1912, embarcó en Lisboa camino de Inglaterra, allí residió en el condado de Cheshire Haylake, a orillas del mar, y expuso en Londres. Después inició la serie de sus desnudos con “El baño de las zagalas” y “Manzanas del Manzanares”. En “Inconsciencia”, de la Colección Andreu de Barcelona, expresa Hermoso su sentimiento del desnudo mediante un dibujo perfecto y trascendente, una luz especial y un colorido que nos llevan a sus precedentes clásicos más significativos.

Casado ya, en 1914 se instaló en Huelva, donde estuvo hasta 1918 como director de la Academia de Pintura del Ayuntamiento y la Diputación Provincial. Sebastián García Vázquez fue su alumno predilecto de esta época. Durante la misma realizó numerosos retratos. Con Manuel Siurot mantuvo una estrecha amistad y de sus amigos de la tertulia de la Plaza de La Palmera guardó siempre buenos recuerdos.  En Barcelona, en 1916, Eugenio Hermoso expuso sus lienzos: “Los novios”, “La Silguera”, “La fuente”, “La niña de los ojos verdes”, “Manolita”, “La novia de Juan”, que fueron reproducidos por las principales revistas de arte nacionales y extranjeras, en confirmación de su éxito indiscutible.

Con “A la fiesta del pueblo” (Centro Nacional de Arte Reina Sofía), alcanzó la Primera Medalla de la Nacional de Bellas Artes en 1917, junto a Joaquín Mir y Valentín de Zubiaurre. Ese año nace su hija Rosario y su mujer enferma, pero se mejora. Se instala definitivamente, en 1918, en Madrid, en un estudio que adquiere en Almagro, 14. Pasa por una floreciente situación económica, pero la enfermedad de su mujer que reaparece presagia lo peor.  Posteriormente, sería internada, con la razón perdida para siempre, en un sanatorio psiquiátrico.

Goza ya de la amistad y la admiración de los intelectuales madrileños. Sobre todo, de la de Ramón del Valle Inclán, entrando a formar parte de la tertulia nocturna del Café Nuevo Levante, a la que acudían los hermanos Ricardo y Pío Baroja, Ignacio Zuloaga, José Gutiérrez Solana, Rafael de Penagos, Anselmo Miguel Nieto, Ángel Vivanco, Luis Alemany y otros muchos artistas y escritores.  Se hace socio del Ateneo y asiste al Círculo de Bellas Artes, al que pertenece. Frecuenta el café Maisón Doré, allí se reúne una tertulia modernista compuesta por Jacinto Benavente, Manuel y Antonio Machado, Anselmo Miguel Nieto, Sebastián Miranda, Enrique Gómez Carrillo, Francisco Villaespesa.

Su primera gran exposición personal fue en 1922, en el Salón del Museo de Arte Moderno de Madrid, con éxito de público y de ventas y encargos de retratos. En 1926 obtuvo la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes con “Lavanderas” y los desnudos “Melancolía” y “Madreselvas”. Destaca además entre sus galardones la Medalla de Oro en pintura y de Plata en escultura de la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. Para el centenario de Arias Montano había modelado el busto del célebre humanista del siglo XVI. Es el inicio de su fase de escultor que sigue con su “Autorretrato” en bronce y “Dina”, modelo que aparece también en “Tierra, Fauna y Flora” y otros cuadros suyos. Se conserva además otro busto en bronce de Rosario Ramos, su mujer; y una cabeza de su hija, Rosario Hermoso.

Por encargo del Banco de España pinta el retrato de Niceto Alcalá Zamora. Una réplica del mismo se encuentra en el Museo Eugenio Hermoso, de Fregenal de la Sierra.  A su  lado está el “Autorretrato” que recuerda las penalidades que pasó  durante la guerra en 1936, en Madrid. De sus muestras personales resaltan las celebradas en 1916 en Barcelona, en 1922 en el Salón de Bibliotecas y Museos de Madrid, en 1927 en Sevilla y Badajoz. A partir de 1934 expuso en Argentina, Chile y Brasil. Antes lo había hecho en Bruselas, Venecia y La Haya.

En 1941, fue elegido Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, ocupando el sillón del que fuera su maestro en Sevilla, Gonzalo Bilbao. Y nombrado catedrático por oposición de la Escuela Superior de Bellas Artes, de la que era director Eduardo Chicharro. Dedicó su discurso de ingreso en la Academia a una glosa de la pintura de Zurbarán. Su faceta pedagógica transmitió a generaciones de artistas españoles su experiencia de la modernidad, pero conservando siempre en su pintura y en su labor docente su arraigado sentido clasicista. Antonio López, Villaseñor, Amalio García del Moral, Sebastián García Vázquez, Timoteo Pérez Rubio, José Pérez Jiménez, entre sus alumnos...

En 1948, recibió, en pugna con Daniel Vázquez Díaz, la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes, a la que envió dos cuadros de gran formato: "Altar" y "La Siembra". La Primera Medalla fue para su paisano y amigo Adelardo Covarsí, por "El montero de Alpotreque". Bajo el seudónimo innecesario de Francisco Teodoro de Nertóbriga publicó su Autobiografía en 1955, y firmó sus pinturas de carácter satírico. En 1956 la Diputación de Badajoz organizó una muestra de su obra en la Casa de la Cultura, situada en el antiguo seminario de San Antón, y adquirió para el Museo Provincial de Bellas Artes su tríptico “Arcadia”.

Su posición en el arte del siglo XX  se explica además por la importancia capital que adquiere la cantidad de retratos que pintó de los hombres y las mujeres de su tierra: Extremadura. Una de las razones de su oposición final a las vanguardias está en la insistencia de Hermoso en la figura humana. Como retratista excepcional, creó una valiosa galería iconográfica, cuya contemplación nos acerca a la forma de vida de la gente sencilla del pueblo.