Jóngkind, Johan Barthold

Holandés.......................................................................................................................Pre Impresionista

Lattrop, 3 de junio de 1819 - †Grenoble, Francia, 9 de febrero de 1891

Octavo hijo de una familia de diez niños, pasó toda su infancia en el puerto de Vlaardingen sobre el Mosa, al oeste de Rotterdam, dónde su padre es nombrado recaudador. En 1835, deja la escuela y trabaja como pasante de notario. Después de la defunción de su padre en 1836, que vive como una liberación, sale a La Haya a seguir las clases de dibujo de la Academia de Artes antes de estudiar en el taller del maestro paisajista Andréas Schelfhout (1837). Hasta 1845, seguirá una sólida formación de pintor paisajista en la tradición holandesa, impregnándose de las obras de los maestros del Siglo de oro de la pintura holandesa del siglo XVII.

Johan Barthold Jóngkind

En este principio del siglo XIX los artistas neerlandeses vuelven a visitar su historia y restauran el gusto por la pintura de Vermeer, Backhuysen, Van der Neer, Van de Velde el Joven... Jongkind pinta sobre motivos de los puertos, barcos, molinos, escenas de invierno de manera realista en la continuidad de los naturalistas neerlandeses. En 1843 participa en la exposición de Amsterdam donde vende un cuadro.

En 1845, obtiene una beca del Príncipe de Orange, futuro Guillermo III (La que se acabará en 1852). Eugenio Isabey, director de la escuela romántica francesa, lo observa durante un viaje a los Países Bajos en 1845 y se lo lleva con él a París. Jongkind toma allí distancia del academicismo holandés. Jongkind llega a París en marzo de 1846 con el lastre de una herencia embarazosa de paisajista post romántico holandés. Va a trabajar en el estudio de Isabey, y a estudiar en el taller de Picot. También entrará en contacto con numerosos pintores, en particular los de la Escuela de Barbizon,  como Courbet, Stevens y Troyon.

Jóngkind fotografiado por Dallemagne en 1865

En tanto que se hubiera podido esperar que pintara el París triunfante y monumental, el del vasto horizonte, Jongkind va a desarrollar una mirada nueva sobre la ciudad y a dedicarse a pintar momentos de París reproducidos del natural, vistas cercanas, trozos de las afueras de la ciudad, con un lenguaje nuevo, una búsqueda y una rara maestría de la luminosidad.

Jongkind establece una manera renovadora de trabajar: en el mismo sitio, dibuja bosquejos rápidos en acuarela, donde los toques de color permiten coger las impresiones fugitivas,  y donde anota eventualmente apreciaciones escritas. En el taller ejecuta, según sus bosquejos en acuarela y sus memorias, telas más elaboradas.

Innova también aclarando fuertemente su paleta e introduciendo toques luminosos que traducen la descomposición analítica de la luz de la que se sirve para devolver los efectos cambiantes (reflejos, cielos…). Jongkind no acabará en toda su vida de pintar París, ciudad de la que escribirá con nostalgia  cuando volvió a vivir en Holanda (entre 1855 y 1860): "es París dónde soy reconocido como pintor".

Pero también va, desde esta primera estadía en Francia, a prendarse de la costa Normanda que descubre en 1850 en el momento de un viaje de Dieppe a Le Havre con Isabey. Presentará "Vista del Puerto de Harfleur" en el Salón de 1850, apreciado unánimemente por los críticos. A la muerte de su madre en 1855, Jongkind regresa a Rotterdam en Holanda, donde volverá a paisajes más tradicionales. Mantendrá hasta su vuelta a París en abril de 1860 una nutrida correspondencia con su vendedor de cuadros, el Père Martín. Jongkind envía regularmente cuadros a París y, Martín procede a envíos regulares de billetes de 100 francos a Rotterdam. Sin embargo, su situación es incierta y sufre ciertos problemas “psicológicos”.

Por iniciativa del Conde Doria, ayudado por el pintor Adolphe-Félix Cals y por el Père Martín, se organiza el 8 de abril de 1860 una subasta de obras de 88 artistas, entre ellos Corot, Isabey y Rousseau, en beneficio de Jongkind con el fin de permitirle volver a París. Jongkind vuelve, pues, a vivir en París y vivirá en lo sucesivo en Francia hasta el fin de sus días. Se instala en el 9 (transformado más tarde en 5) de la calle Chevreuse en París, en el barrio de Montparnasse, vivienda que conservará hasta su muerte.

Conoce en la casa de Père Martín a una pintora holandesa, Mme. Joséphine Fesser, de quien se enamora locamente y que se transforma en su compañera. De carácter melancólico y habituado a las casas cerradas y a las chicas fáciles, siempre escaso de dinero, Jongkind va a encontrar en Joséphine una mujer que le ayudará a superar sus dificultades. También lo llevará a visitar el país, en particular el Nivernais desde 1861, cuando pintará "Las ruinas del castillo de Rosemont" presentado en el Salón de los Rechazados de 1863.

En 1862, conoce a Boudin y a Monet, con los cuales pinta en El Havre. Monet escribirá a propósito de Jongkind que este fue, después de Boudin su maestro y que le debe "la educación definitiva de su ojo".

Es el período normando de Jongkind, que lo sitúa como el precursor del Impresionismo, como quedará para la historia del arte. Su compañerismo con Manet y Monet en el momento de las estancias en la hacienda Saint-Simeón en Honfleur, donde fundan una escuela, justifica también este título, que merecerá tanto cuando pinta lejos del mar como si lo hace en el Nivernais o en el Dauphiné. En 1868, Jongkind realiza una serie de las "Démolitions de Paris” (acuarelas y óleos), lejos de las calles comerciales y de los bulevares de turistas, donde muestra en acción a los hombres y los caballos.

 
Johan Barthold Jóngkind

Emilio Zola publica entonces un primer artículo elogioso consagrado a Jongkind con ocasión del Salón de 1868. Luego de nuevo en 1872 en "Las cartas de París": "todo el mundo conoce sus marinas, sus vistas de Holanda... Quiero hablar de algunos rincones de París que ha pintado en estos últimos años. Este amor profundo por el París moderno, lo reencontré en Jongkind, no me atrevo a decir con cuanta alegría. El ha comprendido que París queda pintoresco hasta en sus escombros... Un pintor de esta conciencia y de esta originalidad es un maestro… un maestro íntimo que penetra con una rara flexibilidad en la vida múltiple de las cosas." Jongkind va a gozar entonces de una creciente reputación en Francia, es adulado por la juventud, y sus obras, puestas de sol, marinas, luz de la luna, son muy buscadas por los coleccionistas.

Cada otoño, va a Bélgica y a los Países Bajos. La guerra de 1870 impulsará a Jongkind y Mme. Fesser lejos de París, a Nantes y luego a Nevers. Jongkind es un trabajador solitario que deja los salones y los convencionalismos. No tiene tampoco el alma de un jefe de escuela. Habiendo esperado obtener una medalla en el Salón de 1873 con "Clair de lune à Rotterdam ", su cuadro fue rechazado y quedó muy decepcionado, decidiendo no exponer más allí. El año siguiente, también se negará a participar en la 1ª Exposición de los Impresionistas. Posiblemente hay que ver en esta decisión la razón por la cual, mientras que producía la admiración unánime de los futuros Impresionistas, no conocerá una gloria similar a la suya.

Poco a poco, se hará cada vez más discreto en París, instalándose en 1878 en la casa que el hijo de Mme. Fesser compra en Côte-Saint-André, un pequeño pueblo del Dauphiné cerca de Grenoble, donde llevará una existencia apacible hasta el fin de sus días, salvo por algunos viajes a Provence y cada invierno a París para trabajar.

Allí, lejos del mar y de París, como en Nivernais, el pintor se renueva y progresa una vez más. Si pinta motivos cada vez menos significativos, su pintura está en lo sucesivo totalmente concentrada en el juego de los colores y de los contrastes. Relativiza la importancia del tema del cuadro, antes que los Impresionistas, que ellos rechazarán de manera radical.

En el Salón de los Rechazados de 1879 Jongkind era ya tan célebre, que Paul Signac refiere que a esta fecha los falsos Jongkind se iban a precios muy elevados. En efecto, los coleccionistas no se equivocan. Después de su muerte, en 1893, la exposición de 134 acuarelas de la segunda venta del estudio, seguida por varias ventas exclusivamente consagradas a las acuarelas conoce un éxito notable y los precios alcanzan hasta cinco mil francos de la época para “La Seine à Argenteuil”.

Al fulgor de ciertos genios, Jongkind opone la constancia de su talento durante un largo período de madurez, cualesquiera que sean los temas y los géneros abordados.

En particular contribuirá haciendo que la acuarela, que para él siempre fue una arte en sí, lo sea para todos ellos. Mirando la obra de Jongkind que parece tan diversa, llama la atención el hecho de que si el pintor evolucionó en Francia, dónde aporta una mirada nueva en París, en Normandía, permanece también fiel a los temas tradicionales de la pintura holandesa. Jongkind supo así adaptarse y llevar en paralelo múltiples obras cuyo denominador común es la gran maestría de su arte. La envergadura del pintor es tal que, desde hace tiempo, Holanda, su país natal, y Francia, su tierra de adopción, se envidian al artista. Johan-Barthold Jongkind es enterrado cerca de Grenoble, en Francia, en el cementerio de Côte-Saint-André.