Korovin, Konstantin Alexeievitch

Ruso..................................................................................................................realistaPost Impresionista

Moscú, 23 de noviembre de 1861 - †París, 11 de septiembre de 1939 

Nació en una familia de comerciantes moscovitas acomodados. A los catorce años entró en el departamento de arquitectura de la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, donde su hermano mayor Sergei -más tarde un conocido pintor realista- era ya  estudiante. Por ese tiempo la familia había entrado en tiempos difíciles y a la edad de quince años nuestro artista debió dar lecciones de dibujo para ganarse en sustento. Después de dos años de estudio, y habiendo sometido a evaluación algunas pinturas de paisajes pintados durante las vacaciones, Korovin se cambió al departamento de pintura.

Konstantin Korovin

Su profesor allí fue Alexei Savrasov, quien ponía especial énfasis en la pintura de la naturaleza y ayudó a sus pupilos a apreciar la belleza del campo ruso. Bajo la influencia de Savrasov, Korovin pronto se volcó hacia la pintura de paisajes. Incluso como un estudiante, intentando conservar la frescura de la impresión, solía dar los últimos toques a sus trabajos en los sitios reales de los paisajes que pintaba. Para completar su educación, Korovin fue a San Petersburgo y entró en la Academia de Artes, pero luego de tres meses se marchó, decepcionado por los anticuados métodos de enseñanza, y volvió a Moscú. En sus últimos años de escuela estudió con Vasily Polenov.

El joven artista adquirió fama con su “Retrato de una Corista” (1883), con su impresión de aire pleno. La cara de la mujer, el vestido y el sombrero se ven inundados por la luz apacible, dispersa  y jaspeada por el reflejo de los verdes árboles. Con su libre manejo del pincel y colores brillantes, el retrato es un fino logro, cinco años anterior a la “Muchacha de Serov con Melocotones” y “Una Muchacha al sol”. Polenov presentó a Korovin al círculo de Mamontov en Abramtsevo, que incluía a los hermanos Vasnetsov, Ilya Repin, Vasily y Yelena Poienov, Mark Antokolsky, Ilya Ostroukhov y otros. La fascinación del círculo de Abramtsevo en los temas rusos se refleja en el cuadro de Korovin “Idilio del Norte” (1886): el elemento folklórico y la lisa composición rítmica de este cuadro traen a la memoria los trabajos de Viktor Vasnetsov, quien Korovin admiraba.

En l885 Mamontov establece su teatro de ópera privado y encarga a  Korovin el diseño del decorado para Aida de Verdi, y la siguiente temporada para Lakme de Delibes y Carmen de Bizet. Korovin usó el dinero que ganó en el teatro para ir a Francia y España. Sus impresiones de España encontraron expresión en lo mejor de su género temprano, pintando “Las Muchachas españolas Leonor y Amparo sobre un Balcón” (1889).

En los mejores retratos de Korovin, hombre y naturaleza se combinan, complementándose mutuamente con su belleza. El excelente retrato de “Tatiana Lyubatovich” (c. 1886) resalta la naturaleza poética de la conocida cantante. El trabajo subsiguiente del artista fue fuertemente influenciado por sus viajes al Norte, en 1888, cuando fue cautivado por los severos panoramas de la línea costera del norte, como se ve en “La Costa de Noruega y el mar del Norte”.

En 1887, Korovin se dirigió a París para documentarse profundamente sobre el Impresionismo y para ver de cerca las obras. En 1888, Savva Mamontov invitó a Korovin a hacer juntos un viaje por Europa. Visitaron Italia, España y Francia. En 1890, Korovin viajó mucho a través de Rusia en compañía de su gran amigo V. Serov, mientras en 1892 se dirigió nuevamente a París para aprender de cerca las nuevas técnicas de la pintura contemporánea europea.

Su segundo viaje al Norte, con Valentin Serov en 1894, fue con ocasión de la construcción del Ferrocarril del Norte. Korovin capturó la belleza de estos lugares en un gran número de paisajes, cuyo colorido es especialmente fino, siendo muchos de ellos ejecutados con un delicado tejido de sombras de gris. Usando el material de este viaje, Korovin diseñó el pabellón del Ferrocarril del Norte para la Exposición Mundial de Rusia de 1896 en Nizhny Novgorod.

La decoración del pabellón fue tan acertada que Korovin fue designado diseñador artístico jefe de los pabellones rusos en la exposición Mundial de París en 1900. La inmensidad de esta tarea sacó lo mejor de su talento, y pintó varios grande paneles decorativamente coloreados. Por este trabajo Korovin recibió una medalla de oro en la exposición. Esto lo hizo disfrutar de renombre mundial y sus trabajos fueron expuestos en muchas ciudades europeas.

Desde principios del siglo XX  Korovin enfocó su atención cada vez más en el teatro. Su cambio desde la ópera privada de Mamontov al Teatro público Mariinsky de San Petersburgo le permitió trabajar a escala más grande. Sus diseños revolucionaron el arte de la decoración teatral. Uno de los temas favoritos del artista fue París. En los paisajes de ciudad “Un café de París” (1890), “Café de la Paix” (1905), “La Place de la Bastille” (1906) se percibe una composición aparentemente fortuita, y la manera libre de pintar del artista y sus esfuerzos hacia la riqueza de colorido.

Retrato de Korovin por Valentin Serov-1891

Korovin conoció bien las pinturas occidentales y admiró los logros de los Impresionistas. Esto influyó en su propio trabajo sobre todo la serie parisiense, en la que registra intensamente las impresiones de la vida brillante, colorida, cambiante de la ciudad.

Desde 1910 aproximadamente sus telas se hicieron más coloridas y mostraron un estilo de pintura más amplio, más libre. Es la época en que estuvo en la cima como artista, como se puede ver en cuadros tales como “El Embarcadero en Gurzuf” (1914) y “Una feria” (1916). Al mismo tiempo  pintó muchas naturalezas muertas.

A lo largo de toda su carrera Korovin mostró sus trabajos en las exposiciones de Peredvizhniki, en la Sociedad “Mundo del Arte” y en la Unión de Artistas Rusos.

Desde 1901 dio clases en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú; muchos artistas soviéticos fueron sus alumnos.

Durante la Primera guerra mundial Korovin trabajó como consultor de camuflaje en la oficina central de uno de los ejércitos rusos. A pesar de su mal estado de salud (una vieja enfermedad nerviosa y el problema cardíaco) estaba a menudo en la línea de combate. Después de la Revolución desarrolló una activa vida artística; aparte de involucrarse en la tarea de conservar los tesoros artísticos y organizar subastas y exposiciones a beneficio de prisioneros políticos liberados, siguió trabajando en el teatro, diseñando las producciones de “Las valkirias” y “Sigfrido” de Wagner y del ballet “Cascanueces” de Tchaikovsky (1918-20). Aparte de estar incurablemente enfermo él mismo, Korovin tenía un hijo inválido que podría ser tratado sólo en París, y con ayuda del Comisario del Pueblo para la Educación Lunacharsky, viajó a la capital francesa. Aquí debía tener lugar una exposición de sus trabajos, pero sus cuadros fueron robados y el artista se quedó sin dinero. Se vio obligado a desarrollar cualquier clase de trabajo. En estas circunstancias Korovin firmó varios contratos coercitivos y en un corto período, por honorarios insignificantes, pintó cuarenta cuadros, entre ellos “Inviernos Rusos” y “Boulevards de París”.

En 1923 tuvo el honor de poder realizar una muestra personal en la galería Tretjakov de Moscú, la que sin embargo no brindó a Korovin las emociones artísticas esperadas, al estar imperando ya las nuevas tendencias modernistas. En 1924 toma una importante y dolorosa decisión, dejando para siempre Rusia. Se instaló en París donde empezó a trabajar como decorador en teatro. Pero a su vena de pintor se unió la nueva de escritor. En efecto, en 1935 escribió y publicó sus recuerdos en el libro "Vida mía". En 1939 publicó otro libro dedicado a la vida del gran cantante lírico Fedor Chaliapin, con quien lo unía una sincera amistad de muchos años. En los últimos años de su vida trabajó fructíferamente en muchos de los principales teatros de Europa, América, Asia y Australia.