Martin-Ferrieres, Jacques (Jac)

Francés................................................................................................................................Neo-Impresionista

Saint-Paul, 6 de agosto de 1893. - ?, 1972

Nacido en una familia en la que las artes se mantenían en el honor más alto, fue alumno de su padre, el notable Pintor Post-Impresionista Henri Martin y de un amigo de la familia llamado Ernest Laurent, y adoptó en sus primeras pinturas una técnica puntillista modificada. Desde los seis años de edad en adelante, dibujó y siempre fue atraído por la pintura, pero  estudió literatura y ciencias y recibió su grado en ciencias. Estos estudios científicos avanzados demostraron ser de valor cuando se dedicó por entero a pintar, porque tenía un gran conocimiento de química que aplicó a las  técnicas de la pintura.

Jacques Martin-Ferrieres

Era un vehemente músico y tocaba el piano, el órgano y el cello.  Para él la música era alimento, y la tregua ideal después de las largas horas de trabajo en su caballete de pintor. La educación que recibió Martin-Ferrieres fue muy completa. También estudió bajo el pintor  académico francés Frederic Cormon (1845-1924).

Martin-Ferrieres al principio dudó en consagrarse completamente a la pintura, temiendo que se enfrentaría con crítica desfavorable como “el hijo de…”, lo que es bastante entendible porque muchos hijos continúan la misma profesión de sus padres, influenciados por la facilidad y la reputación establecida del padre. Además, Martin-Ferrieres temió que podría equivocarse sobre su verdadera vocación, y que podría desconfiarse de esa habilidad precoz que trae rápido pero efímero reconocimiento. No debería haberse preocupado, puesto que su carrera artística fue fructífera y marcada por el éxito.

Martin-Ferrieres no atrajo atención al hecho de que era hijo de Henri Martin para que su éxito pudiera ser debido solamente a sus propios meritos.  Tenía la veneración más profunda por el talento y la obra de su padre y reconocía ampliamente la deuda que tenía por las lecciones que recibió de él, pero sentía que la notoriedad tenía sólo un valor pecuniario, del que tenía horror, porque sólo demasiado a menudo la notoriedad no tenía ninguna relación con el real talento. Ampliamente conocido por sus pinturas de paisaje y sus luminosas naturalezas muertas, aunque Jac Martin-Ferrieres buscó una identidad artística independiente, nunca se aventuró lejos de los principios establecidos por su padre o del resguardo del amparo oficial.

Fue en 1923 que Martin-Ferrieres recibió su primer gran honor.  En 1920 en el Salón de París había recibido una Mención Honrosa, y en 1923 en el mismo Salón por su pintura “Le Christ” se le otorgó la Medalla de plata, y  fue comprada por el Estado francés. En 1924 otra tela, “Le Boeuf”, le permitió ganar una beca de viaje que le permitió descubrir Italia y su riqueza artística. Cuando volvió a Francia después de ese viaje, tuvo su primera exposición sólo. En 1925 se le otorgó el Prix National por su  importante composición “Le Peintre”, que se exhibió después en el Instituto Carnegie en Pittsburgh.  Exhibió regularmente en París en el Salón des Artistes Français, donde fue designado hors-concours, permitiéndole exponer sin someterse al escrutinio del jurado del Salón.

En un periodo de tres años entre 1925 y 1928, Martin-Ferrieres hizo varias visitas a Italia para hacer un estudio directo de los maestros italianos. Desde ese punto en adelante, los críticos fueron unánimes reconociendo su talento.  En 1928 su notable "Marché d'Assissi" fue premiado con la Medalla de Oro del Salón de París y el Prix Legay-Lebrun, y fue comprado luego por la Ciudad de París. En 1930 el Estado francés compró uno de sus pinturas para el Musee d'Art Moderne.  Desde 1928 a 1933, Martin-Ferrieres se dedicó completamente a la ejecución de poderosos, suntuosos frescos sobre la vida de San. Cristóbal en la iglesia de San Christopher de Javel en Paris.  Otras decoraciones a gran escala siguieron tanto sobre temas religiosos como seculares.

En 1933 Jacques Martin-Ferrieres fue a España por seis meses y allí vivificó e iluminó su paleta, que en ese tiempo se había entonado conscientemente. Siguió una visita a Grecia, donde quedó deslumbrado por la magnífica luz rosa, y luego una a Yugoslavia, que despertó su deleite innato en el espectáculo ofrecido por las multitudes.

En 1937 ganó la Medalla del Oro en la Exposición Universelle, y fue nombrado Chevalier de la Legion  d’Honneur. En 1939 tuvo una gran exposición retrospectiva en París que consistió en más de ciento cincuenta telas y estudios como resultado de sus viajes y mostrando el rango y diversidad de su talento.

Los años de guerra interrumpieron su pintura.  Martin-Ferrieres tomó parte en el trabajo de la Resistencia en Dordogne.  Fue capturado por los alemanes y sentenciado a ser fusilado.  Su vida fue perdonada, pero no fue sino hasta 1950 que empezó a pintar de nuevo y a viajar. Regresó a Italia y sobre todo a su amada Venecia, que ya había inspirado muchas de sus  más bellas pinturas; a Portugal, Suiza, Bélgica,. Holanda, Alemania, Escandinavia y a Rusia, dibujando y pintando por todas partes donde iba.  El viaje era una parte integral de la inspiración para Martin-Ferrieres, y nunca dejó de encontrar nuevos temas para su pincel en los diversos países que visitó.

Jacques Martin-Ferrieres era un artista cuyo interés en los seres humanos y la vida a su alrededor se volvió más vivo con los años.  Era un hombre rebosante de vida que extrajo la esencia artística de todo lo que experimentaba. Además de los honores y premios recibidos en los Salones, Martin-Ferrières fue honrado por su país. Fue nombrado Officer de la Legion d'Honneur en 1956.

Las colecciones de Jacques Martin-Ferrieres en museos incluyen el Louvre, Paris, Tate Gallery, Londres, Museum of Modern Art, New York, Art Institute de Chicago, Fine Arts Museum, San Francisco, Courtauld Institute (Reino Unido) Fitswilliam Museum, University of Cambridge (Reino Unido) Ashmolean Museum, University of Oxford (Reino Unido).