Müller, Alfredo

Italiano-francés......................................................................................................Post-Macchiaiolo, Impresionista

Livorno, 30 de junio de 1869 - Paris, Francia, 7 de febrero de 1939

Müller nació en una adinerada familia suiza dedicada a negocios internacionales de algodón y café. A la edad de 15 años empezó a estudiar arte en Florencia con los maestros Giuseppe Ciaranfi y Michele Gordigiani en  la Academia de Bellas Artes. Allí formó amistad para toda la vida con Edoardo Gordigiani, el hijo de Michele, y Egisto Fabbri, un toscano-americano.

En 1886, como pintor joven, participó en la Primera Exhibición de bellas artes de Livorno, junto con pintores establecidos como Giovanni Fattori y Silvestro Lega. En 1889 expuso dos de sus pinturas en la Exposición Universal de París, y después frecuentó en Francia el taller de Carolus-Duran, donde descubrió el Impresionismo.

Alfredo Müller en su atelier de París - 1908

Como pintor de Livorno, perteneció al grupo de los Post-macchiaioli, junto con Mario Puccini, Oscar Ghiglia, Plinio Nomellini, Ulvi Liegi, Giovanni Bartolena y otros, y como grabador francés, fue cercano a Francis Jourdain, Manuel Robbe, Richard Ranft, Eugène Delâtre y Théophile Steinlen.

Retrato de Alfredo Müller junto a Edoardo Gordigiani y al arquitecto Rgisto Fabbri, por Michele Gordigiani, padre de Edoardo - 1895

Las pinturas que expuso en su regreso a la Toscana en 1890 conservaron la lección Impresionista provocando una violenta controversia, pues la generación de más edad se oponía a la introducción del arte francés. En el mismo momento, la quiebra del Banco de Livorno provocó la ruina de la casa de su padre. En 1895 la familia emigró a París, y Alfredo se  estableció más tarde en  Montmartre, junto a Erik Satie, Henri de Toulouse-Lautrec o Jules Depaquit y descubrió el grabado japonés. Hizo amigos en el círculo social de artistas, escritores y músicos, familiarizándose en particular con Renoir, pero también con Pissarro y Cézanne, a  quien consideró su maestro, y llegó a ser un conocido grabador en colores. Entre sus amigos italianos en París, encontramos a su pariente Leonetto Cappiello y a Libero Andreottiy  Luego Alfredo Müller se va a Toscana.

Su obra se divide entre las dos naciones, principalmente la pintura en la Toscana y el grabado al aguafuerte en París. Fascinado por el arte del grabado que descubre en el taller de Eugene Delâtre, Alfredo Müller grabó principalmente en zinc y en ocasiones en cobre. Su amor por Marguerite Thomann, entonces casada con el pintor Paul-Michel Dupuy, se encuentra en su obra grabada. Sus grabados se caracterizan por una fuerte actitud de representación, la elegancia de los gestos, el movimiento de la mano, por una indescriptible sensación de melancolía y de elegante obsolencia. A diferencia de Delâtre que utiliza varias hojas para imprimir en color, Müller utiliza la técnica de la impresión a muñequilla consistente en colocar todos los colores en la misma matriz con un pequeño paño apretado con la yema de los dedos. Pero, como Delâtre, el propio Müller realiza las impresiones de sus grabados.

Alfredo Müller en Italia - 1918

En 1903 viajó a Londres, probablemente para reunirse con Marguerite Thomann, que se había separado de su marido; la pareja se casó en 1908 y en 1913 Alfredo Müller se naturalizó francés. En 1914 estaba en Roma con Marguerite y expuso 12 pinturas en la Segunda Secesión romana cuando estalló la Primera  Guerra Mundial. Se trasladó inicialmente a Taormina y luego a Florencia por un tiempo corto, pero terminó quedándose allí durante dieciocho años.

La pareja encontró una pequeña casa en las colinas mirando hacia Florencia, en Settignano, llamada ‘Villa Colombaia’. Müller  pintaba frecuentemente, trabajando siempre sobre el movimiento de la luz. Una gran parte de su obra en este periodo fue dedicada a artes decorativas, en las que  podía expresar su fascinación por el teatro y su magia. Después que la situación política empeoró, volvió a Francia en 1932, donde pasó los últimos años de su vida.

La falta de posteridad de su trabajo se explica en parte por su falta de afiliación a un movimiento artístico específico, pero sobre todo por los caprichos de la historia.