Slavícek, Antonin

Checoslovaco

Praga, 16 de mayo de 1870 - Praga, 1 de febrero de 1910

En 1887 empezó a estudiar en la Academia de Artes Gráficas con Julius Marák, quien lo consideraba su alumno más talentoso. Fue influido decisivamente por su maestro Marák, pintor del romanticismo orientado a los bosques y a los reflejos de la luz en la superficie del agua. Otro paisajista cuya obra dejó profundas huellas en Slavícek fue Antonín Chittussi, famoso por su lírica pintura al aire libre de llanos y colinas checas. Heredó el estudio de su maestro después de la muerte de éste en 1899, pero pronto lo cerró para proseguir sus propios caminos creativos. En 1907 visitó París y Bruselas.

Antonin Slavícek

Con excepción de breves estudios en Alemania, Francia y Croacia, Slavícek pasó toda su vida en Checoslovaquia, inspirándose exclusivamente en la tradición de la pintura nacional. A mediados de la década del noventa del siglo pasado, Slavícek se colocó a la cabeza de la escuela pictórica de Marák, emprendiendo con sus alumnos viajes al campo. Fruto de estas excursiones son sus cuadros "Sol en el Bosque", "Otoño en Veltrusy" o "Arroyo en la Niebla", en los que logró captar la nostalgia de las postrimerías del siglo pasado.

Antonín Slavícek pintó en 1898 el cuadro "Un Día de Junio" en el que por primera vez utilizó la técnica de manchas de colores, típica de la pintura impresionista, que produce la sensación de movimiento ininterrumpido. Al igual que los impresionistas franceses, Slavícek trató de captar la atmósfera momentánea e íntima del paisaje. De ello se deriva el hecho de que el impresionismo fuera calificado de pintura de impresiones sensuales. Y hay otro rasgo que incluye a Slavícek entre los pintores impresionistas: su interés por la vida en las grandes ciudades, concebida como un calidoscopio de muchedumbres cuyos olores y murmullo se mezclan con el ruido de los coches y tranvías.

Antonin Slavícek pintando

Testimonio de esto son sus pinturas al pastel con motivos praguenses, tales como "Una Noche Lluviosa" y "El Malecón de Praga", en las que palpita la tristeza y la soledad de los habitantes de las nacientes metrópolis. Slavícek penetró hasta lo más profundo del alma de los praguenses, y su amor hacia esta "Ciudad de las Cien Torres" quedó plasmado en las escenas de mercados y rincones históricos capitalinos, así como en vistas panorámicas de Praga.

Sin embargo, el arte de Slavícek culminó durante su estancia en la pequeña aldea de Kamenicky, en la Meseta Checo-morava. Allí pasó cuatro años pintando sin patetismo la cruda belleza de esa pobre comarca montañosa y la dura vida de sus habitantes. Las pinturas realizadas en Kamenicky huelen a pan recién cocido, a sol melancólico cuyos rayos se abren paso entre la eterna niebla y nubes que se extienden sobre esa tierra, y al viento que allí sopla sin cesar.

Es una tierra de pinares con brezos de color rosa pálido y de colinas sembradas de abedules y de serbales que pintan de sangre el otoño. Sin Kamenicky, Slavícek no se habría convertido en pintor del Impresionismo. Allí realizó sus mejores cuadros: el famoso y triste "Funerales en Kamenicky" o el sombrío "Paisaje Invernal en Kamenicky".

Tumba de Antonin Slavícek en Praga

Desgraciadamente, Antonín Slavícek no tuvo la suerte de cosechar en vida los frutos de su extraordinaria labor. En 1909 quedó paralítico a causa de un ataque de apoplejía que acabó con su actividad predilecta: la pintura. Después de varios meses de desesperación y pena, se suicidó a los 39 años, el 1 de febrero de 1910.

Slavicek fue influenciado por el Impresionismo y por lo general se identifica con ese movimiento. A diferencia de los franceses, sin embargo, estaba menos interesado en la forma que en la transmisión de emociones a través de pura luz y sombra. Después de 1900 creció su estilo cada vez más abstracta en su original uso del color. Sus pinturas incluyen 250, entre ellas "Otoño en Veltrusy", "Sol en el bosque", "Muro de Jardín", "Abajo Letna", "En el Parque Stromovka", y "Plaza de la Ciudad Vieja de Praga".

El dominio de los colores de Slavícek y la yuxtaposición de los mismos, hacen de este pintor un maestro del Impresionismo, lo que demuestra en formatos de gran tamaño donde la mayoría de los pintores se pierde.

En la obra de Antonín Slavícek culmina el Impresionismo checo. Es uno de los mejores paisajistas que tiene la pintura de este país. Hay pocos pintores que hayan logrado reflejar tan bien con el pincel la configuración del paisaje checo y la vida cotidiana de los campesinos. En la memoria de la nación checa se han grabado también sus cuadros en los que plasmó los rincones más apartados y pintorescos del casco histórico de Praga.