Utrillo, Maurice

Francés

París, 25 de diciembre de 1883 - †Dax, Landes, Aquitania, 5 de noviembre de 1955

Nacido Maurice Valadon, la suya es una historia notable. Muy bien podría haber terminado sus días, desconocido del mundo, como paciente en un sanatorio. Fue el fruto de una relación entre una modelo adolescente de Renoir, Marie-Clémentine Valadon, y, se piensa, un joven pintor aficionado y alcohólico crónico, llamado Boissy, chansonnier del "Lapin Agile" o, tal vez, de Puvis de Chavannes.

Retrato de Utrillo

La madre del muchacho, una hija ilegítima de origen campesino, se hizo más tarde la protegida de Toulouse-Lautrec, por cuyo consejo cambió su nombre de pila por el más elegante de “Suzanne". Fue Toulouse-Lautrec quien la presentó al gran maestro Degas, quien le enseñó y la animó a pintar. Maurice Valadon era sólo un niño cuando el escritor español y crítico de arte Miguel Utrillo (Ingeniero que lo abandonó todo por su vocación artística y dirigió en Barcelona la construcción de Pueblo Español para la Exposición Universal de 1929), amigo de Suzanne, en un gesto bondadoso, le otorgó su apellido.

Maurice Utrillo pintando

Un joven sumamente neurótico, Maurice era un pobre estudiante en la escuela secundaria. Era un fracaso, por decir lo menos, como empleado de un banco, y cuando tenía dieciocho años se había vuelto alcohólico y temporalmente tuvo que ser internado en un asilo.

Fue "la terapia ocupacional" la que lo salvó a él y a su genio oculto. Asesorada por un médico, Suzanne impulsó a Maurice a dedicarse a la pintura como una salida emocional para que pudiera recuperar su equilibrio. Este experimento funcionó tan bien, que en los siguientes cincuenta años Maurice Utrillo produjo miles de óleos, gouaches, acuarelas y bosquejos a lápiz, confiando principalmente en su memoria o en tarjetas postales que poseía. Hacia 1920 se había convertido en una figura legendaria, internacionalmente conocido.

En 1929, la República francesa le concedió la Cruz de la Legión de Honor. A los cincuenta años se casó con una enérgica viuda, Lucie Pauwels, quien manejó sus intereses tan hábilmente, que pudieron comprar un lujoso chalet en los alrededores de París, donde la pareja vivió lujosamente. En todo caso desde su primer confinamiento en un asilo hasta su retiro a Vésinet a finales de los años treinta, Utrillo tuvo muchas recaídas alcohólicas con intentos de suicidio. Él debió su recuperación, en gran parte, al cuidado de su madre, y luego de su esposa, quien se transformó en otro "carcelero" apacible pero firme.

De enorme importancia en su historial clínico es que el alcohol no fue capaz de destruir su genio. Muchos artistas y críticos lo consideran como el mayor pintor del siglo de escenas urbanas. Pero, a pesar de su reconocidamente alta categoría, es necesario confesar con mucho dolor su total carencia de autocrítica, lo que le permitió la creación tanto de trabajos increíblemente mediocres como de indiscutibles obras maestras.

Nadie puede pasar por alto la ausencia de conceptos intelectuales e infinita repetición de los mismos motivos en la misma forma. En toda la historia del arte moderno, los milagros han ocurrido sólo dos veces, y ambas en Francia. Poco antes de 1900, un funcionario pobre, de mediana edad, Henri Rousseau, un autodidacta, infundía nuevas energías e ideas en el arte.

 
Maurice Utrillo en su taller

Poco tiempo después, un joven alcohólico, medio loco de Montmartre, Maurice Utrillo, presentaba extraños paisajes que encantaron al hombre de la calle y asombraron a los expertos. Estos cuadros inspiraron a muchos artistas para reexaminar su mundo y, en lugar de regresar a la abstracción, recrear nuevamente la realidad. Sin embargo, excepto por el milagroso elemento de instinto de conservación por el arte, no existe ningún paralelo entre los dos maestros. Utrillo era alumno de su excepcional madre, Suzanne Valadon, y amigo cercano de Amedeo Modigliani. A diferencia de Rousseau, Utrillo no es un primitivo. Él fue un pintor profesional toda su vida.

Sus temas preferidos fueron las pequeñas calles tristes y miserables suburbios industriales. Es verdad que también pintó algunas grandes catedrales de Francia y los panoramas de Bretaña y Córcega, así como unos pocos cuadros con flores, pero es como el pintor de los sitios menos conocidos de la capital francesa que será siempre recordado. Uno puede reconocer la influencia de Pissarro y Cézanne, pero su solidez de composición, su don de la simplificación, y su sentido infalible de relación de los colores son instintivos en él. Tal como no es un primitivo, tampoco él es un clasicista, un realista, un Impresionista, un Fauve, un Expresionista, ni siquiera un romántico. Es un individualista completo que desafía todas las clasificaciones. Se acostumbra concentrarse en los cuadros de su "período blanco", cuando aproximadamente entre 1909 y 1914, los tintes blancos y sombras eran preponderantes en su trabajo.

Sin embargo, en los años que preceden a los de su "período blanco" produjo muchas finas pinturas; y en las obras de su más tardío "período colorista" usó satisfactoriamente a menudo matices brillantes y alegres. Utrillo es uno de los pocos pintores contemporáneos cuyos trabajos complacen tanto a los gustos sofisticados como a los sencillos.

Ya mundialmente respetado, se vio enfrentado en dos oportunidades a problemas judiciales, saliendo victorioso en ambos casos: una vez cuando los funcionarios de aduana americanos habían denunciado su trabajo como productos imponibles porque habían sido hechos con la ayuda de tarjetas postales; y en otra oportunidad cuando en un catálogo de un museo de Londres se anunciaba que el artista había fallecido hacía tiempo, víctima del alcoholismo. En el segundo caso, el hacendado de Vésinet fue capaz de convencer al tribunal británico que estaba muy vivo y que dividía su tiempo entre el trabajo y la devoción religiosa. Su vida no tuvo ningún final trágico como la de Van Gogh, Modigliani o Pascin, murió pacíficamente.

Se le clasifica dentro de la denominada Escuela de París, que es el nombre que con el que se engloba al grupo de pintores que se reunió en París en el período que transcurre entre las dos guerras mundiales. Estos eran en su mayoría extranjeros y no se adherían a ninguna escuela renovadora en particular, pero tampoco las desconocían, sino que por el contrario tomaban de ellas sus logros más importantes. Su pintura se mantenía en algunos aspectos dentro de la representación realista tradicional, pero adoptando mayor libertad en el uso de la forma y el color. Dentro de este grupo es donde enmarcamos a Maurice Utrillo con Marc Chagall y Modigliani entre sus principales figuras. A tal punto llega su influencia, que su trabajo sirvió de inspiración en Hollywood para la realización de los decorados en obras como “Un Americano en París”.