Vuillard, Edouard

Francés

Cuiseaux,  11 de noviembre de 1868 - La Baule, 21 de junio de 1940

Nació en una familia que estaba dominada por su madre, hermana y abuela. Su padre Honoré Vuillard era un capitán en la Infantería de  Marina que estudió pintura en París y murió mientras Edouard todavía estaba en sus veinte años. Edouard tenía un hermano mayor, Alejandro que nació en 1863 y quién también optó temprano por una carrera militar.

Su hermana mayor, Marie, nació en 1861 y le enseñó a Edouard a leer. Vuillard cursó estudios en el Lycée Condorcet, donde trabó amistad con Ker-Xavier Roussel, Maurice Denis y Aurélien Lugné-Poe. Animado por Roussel -quien años más tarde sería su cuñado-, a fines de 1885 se inscribió en el estudio del pintor Maillart.

Autorretrato de Vuillard

En 1886 recibió clases en la Académie Julian, donde entabla amistad con Bonnard y Sérusier. Un año más tarde, tras varios intentos, ingresó en la École des Beaux-Arts, donde fue alumno de Jean-Léon Gérôme.

En los primeros años Vuillard pintó principalmente trabajos experimentales, normalmente basados en asuntos de su ambiente inmediato como su familia o costureras. La mayoría de las pinturas de Vuillard de los 1890 son pequeños interiores domésticos intensos, pintados en un estilo de modelos y entrelazados colores  obscuros para que las figuras sean al principio indistinguibles de los muebles. Vuillard todavía estaba viviendo con su madre, una costurera cuyos clientes venían a su casa y Vuillard frecuentemente pintaba a los miembros hembras de su familia trabajando o descansando.

En 1889, tras abandonar la École des Beaux-Arts, Vuillard pasó a formar parte del grupo de pintores Nabis, un grupo de artistas que incluían a Pierre Bonnard, Paul Sérusier y Maurice Denis que estaban comprometidos con un arte que era simbólico y espiritual.

Al principio de su carrera, Vuillard normalmente usó el medio convencional de óleo sobre tela. Pero, cuando empezó a verse más involucrado con el movimiento Nabi, dio énfasis a las calidades más decorativas de su pintura.

Abandona un estilo próximo al Impresionismo , desarrollando otro muy influenciado por la obra de Gauguin y por los grabados de arte japonés, siendo sus obras de gran libertad cromática y de audacia en su encuadre. A finales de siglo domina una técnica llena de sensibilidad y sutileza, destacando sus interiores, en los que juega con colores apagados y con el recorte japonizante de las siluetas, mientras que se sirve del temple en lugar del óleo para fijar los pigmentos.

Durante los años noventa Vuillard participó en las colectivas Nabis celebradas en las galerías Le Barc de Bouteville, Ambroise Vollard y Bernheim-Jeune, con escenas de interior eminentemente decorativas en las que pequeñas áreas de luz y color contrastado disuelven las formas. Paralelamente, emprendió paneles decorativos para las mansiones de Paul Desmarais (1893), Alexandre Natanson (1894), Misia y Thadée Natanson (1895) y el doctor Henry Vaquez (1896), que figuran entre las obras más relevantes de su carrera. Por los mismos años también llevó a cabo decorados teatrales para L'Intruse y Les Aveugles de Maeterlinck, Rosmersholm de Ibsen, Âmes solitaires de Hauptmann, Ubu roi de Alfred Jarry, etc.

Vuillard dejó a los Nabis a mediados de los años 1890 y empezó a mostrar interés por los modelos y texturas de tejidos, papeles murales y alfombras que luego estuvieron  disponibles en su casa en la tienda de costura de su madre. El teatro también era un importante escape para Vuillard y su predilección por los silenciosos y misteriosos efectos de luz. Hacia 1898-1899, tal como se aprecia en los paneles realizados para Claude Anet, Jean Schopfer, Stéphane Natanson y Adam Natanson, Vuillard retornó a un estilo más naturalista, aunque tamizado por el ejemplo Impresionista. En los primeros años del siglo XX, Vuillard mostró trabajos en la galería Parisiense de la familia Berhnheim-Jeune y fue comisionado para hacer trabajos más grandes como paisajes y retratos así como sus paneles decorativos, por los que es más famoso. Este interés en los paisajes empezó al final del siglo, y él adoptó las inspiradoras costas  de Normandía y Bretaña.

Desde 1900, asimismo, la pintura de paisaje adquirió un mayor peso en su obra. En los primeros años del siglo XX Vuillard expuso habitualmente en el Salon des Indépendants. Su obra figuró también en La Libre Esthétique, en la Wiener Secession y en la Berliner Secession. En 1904, el Salon d'Automne dedicó una sala entera a su obra.

Vuillard continuó pintando en París y sus alrededores hasta finales de los años treinta. Entre sus últimas empresas decorativas cabe citar los importantes encargos públicos del Théâtre des Champs-Élysées (1912), el Palais de Chaillot (1936) y la sede central de la Liga de Naciones, en Ginebra (1937). Por el resto de su carrera Vuillard buscó trascendencia en escenas de tranquilidad doméstica que revela la intimidad de la casa y a menudo pintó a sus coleccionistas en sus cuartos favoritos.

Tarde en su vida, Vuillard se concentró especialmente en retratos de actrices famosas, artistas y pensadores. Combinó su conocimiento y práctica del retrato con su amor por los interiores. Es famoso por haber dicho, "Yo no pinto retratos. Yo pinto a las personas en sus casas". Vuillard fue reconocido por  sus retratos y elegido al Instituto de  Francia.

En 1938, el Musée des Arts Décoratifs de París dedicó una gran exposición retrospectiva al conjunto de su obra. Dos años más tarde, el 21 de junio de 1940, Vuillard fallecía en La Baule.
Vuillard era un hombre amable que inspiraba afecto en aquéllos que lo conocían. Aunque era reservado y tranquilo, sin embargo era capaz de expresar emoción en súbitos arranques violentos.