Walter, Martha

Estadounidense

Filadelfia, Pennsylvania, 19 de marzo de 1875 - Boston, Massachusetts, enero de 1976

Asistió a la Girls High School, y de 1895 a 1898, estudió en el Pennsylvania Museum and School of Industrial Art, ahora la University of the Arts College of Art and Design. Sus reconocimientos en la escuela incluyeron los siguientes: 1895/96: Certificado UN en Dibujo Industrial; Mención honrosa por el Henry Perry Leland Prize, dado por Mrs. John Harrison por trabajo en Pluma y Tinta; segundo premio de 20 dólares para el mejor set de dibujos en el Curso de Dibujo Industrial. 1896/97: John T. Morris Prize de 10 dólares por dibujo de Detalles de la Figura Humana; Jacob H. Weil Prize de un equipo de Oleo Water-Colors para el mejor boceto de la Vida en acuarelas.

Retrato de Martha Walter por William Merrit Chase - 1908

1897/98: Mención honrosa para el Mrs. George K. Crozer Prize ofrecido para el mejor trabajo en dibujo; Caroline Axford Magee Prize de 20 dólares para un grupo de dibujos presentando el uso decorativo de la figura humana.

En la Pennsylvania Academy for the Fine Arts estudió con William Merritt Chase, y ante su insistencia, ella entró en competencias para varios premios de estudiantes. Ganó el Toppan Prize en 1902, y fue una de los cuatro artistas que ganaron la primera  Cresson Traveling Scholarship de dos años en 1908, que le permitió la oportunidad de ir a Francia, Holanda, Italia y España. También ganó en 1909 el Premio Mary Smith en la escuela por la mejor pintura de un artista mujer residente.

Asistió al Grande Chaumiere en París donde tuvo la ventaja del consejo crítico de Rene Menard y Lucien Simon, pero luego ella sintió su aprendizaje estrictamente clásico demasiado restrictivo a su progreso, por lo que se matriculó en la Academie Julian. Una vez más se sintió cansada de los límites de la  tradición, por lo que estableció su  propio estudio en la Rue de Bagneaux con varias otras jóvenes artistas mujeres americanas. Fue a estas alturas que ella desarrolló su pasión y habilidad por los temas de  plain-air.

El trabajo temprano de Walter, 1900-1908, muestra la influencia muy fuerte de William Merritt Chase. Su uso de ricos colores saturados, combinados con su experta aplicación de pintura negra tuvo mucho éxito. El negro era un pigmento extremadamente difícil de dominar, y a menudo fue omitido en el curso general del Impresionismo estadounidense. La quietud del periodo de París de Martha Walter duró hasta aproximadamente 1912 cuando empezó a vivificar su paleta y a concentrarse en la luz y la sombra.

A su regreso a América en 1914, favoreció el uso de colores luminosos e intensos como momentos culminantes en sus escenas playeras de Grave Rock, Gloucester y Atlantic City.  Sus trabajos tenían más espontaneidad, cuando ella se concentró en los colores en lugar de en los temas. En este sentido ella estaba una vez más ligada con los Impresionistas franceses, que frecuentemente tuvieron relación más con el color aplicado que con la forma dibujada. La disolución sutil de las formas tendió a acentuar el tema central predominante en sus trabajos. Sus figuras no sufrieron; ellas se pusieron más huidizas simplemente.

La influencia a lo largo de la carrera de Walter derivó principalmente del trabajo y enseñanzas de William Merritt Chase. Ella viajó a los mismos lugares donde Chase había pintado - Shinnecock, Carmel, París, Holanda, etc. Martha Walter tenía un estudio en Nueva York, enseñó en la Chase's New York School of Art y tenía un estudio en Gloucester, e incluso enseñó en Bretaña.

Estaba viajando continuamente de un lado a otro a París. Mientras estaba en Francia, Eugenio Boudin demostró ser otra importante fuente de inspiración para ella. Muchas de las escenas de playa de Walter exhiben tonos variados de gris, que recuerdan la calidad atmosférica lograda en el trabajo de Boudin. Muchas de las telas de Walter son evidentemente claros reflejos del Impresionismo francés. Dentro de todo sin embargo, ella desarrolló un estilo de pintura absolutamente propio, con enérgicos golpes oscuros de pincel, junto con un total dominio del color, y bien organizada composición. Su estilo reflejó la sensibilidad de sus predecesores europeos, pero mantuvo un vigor que era definitivamente americano.

La atención de los  críticos vino más lentamente. Aunque los artistas mujeres no eran ignorados ciertamente por los periodistas, unas pocas  selectas, como Mary Cassatt y Cecilia Beaux, recibieron la mayor parte de los espaldarazos. Martha Walter se vio beneficiada por su lugar en una de las primeras olas de mujeres que irrumpieron en el rarificado mundo de las bellas artes -esto le proporcionó una educación competitiva y el apoyo emocional de sus colegas- pero ella también puede haber padecido la tendencia del mundo del arte a enfocar un reflector estrecho en los ejemplares más visibles de una nueva demografía.

La visibilidad era importante, y requirió más de una firme corriente de sumisiones para cubrir las exposiciones.   Requirió medios singulares, como los que había perfeccionado su maestro Chase. Cuando Walter se embarcó en su carrera, eran Robert Henri, Arthur B. Davies y Alfred Stieglitz los que con mayor éxito cortejaban el ambiente con la emprendedora, agresiva novedad del arte moderno. Contra ese frenesí, un arte de buena educación, incluso abrazando nuevos y limitados asuntos, nunca tuvo una oportunidad.   Ésto fue nuestra pérdida tanto como la de Martha Walter.

Cecilia Beaux ofreció crítica favorable del trabajo de Walter diciendo que las escenas playeras parecía como si se estuvieran saliendo de la tela. Walter visitó Chattanooga, Tennessee, muchas veces de 1903 a 1910, donde pintó retratos encargados y paisajes durante el verano. Su habilidad de contrastar su paleta ligera y vibrante con la realidad áspera de la vida en las montañas de Tennessee, como lo expresa con los niños que vio y retrató hacen  conmovedor el momento que llega al corazón. Algunos de los niños que ella retrató eran tan miserables que  ni siquiera sabían el significado de la palabra montaña.

En 1922 Martha Walter tuvo una exposición de sus pinturas en las Galerías George Petit en París. El gobierno francés compró una pintura titulada "The Checquered Caped" de esta exhibición, para el Museo de Luxemburgo. Este cuadro era un estudio para una pintura más grande del mismo nombre.

En los años treinta, Martha Walter fue representada por las Galerías Milch de Nueva York, y fue entonces que  empezó a viajar a Africa del Norte para pintar sus impresiones cromáticas de Túnez, Trípoli y Argelia. El áspero sol africano prestó las escenas de café, mercados de camellos y brindó el cambio hacia un intenso pero diferente sentido de color que sus temas americanos y franceses.

De Africa, Walter viajó a la costa Dálmata donde se estableció por un largo tiempo, suficiente para pintar docenas de bulliciosas escenas de mercado. Aunque bien avanzada en años, Martha Walter continuó pintando hasta unos años antes de su muerte a los cien años de edad.